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5 de
octubre de 2015
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Sus
semillas más antiguas, halladas en en México, se
remontan a alrededor de 7000 a.C. y en el país
de los aztecas esta hortaliza era un alimento
básico de la dieta local.
Los
primeros colonos españoles aprendieron a
cultivarla y, junto con las papas y los tomates,
fue uno de los primeros vegetales exportados a
Europa después del descubrimiento de América.
Aún
hoy, en México, la calabaza es un alimento tan
fundamental que figura, junto con el frijol y el
maíz, como una de las “tres hermanas” de la
dieta nacional tradicional.
En la
comida mexicana se emplean principalmente dos
tipos: la calabacita (sea de bola o alargada)
—de color verde claro por fuera y blanco por
dentro— y la calabaza de Castilla que es más
grande (generalmente pesa varios kilos), de
cáscara dura, color café por fuera y anaranjada
o amarilla por dentro. También se acostumbra
comer las flores de calabaza (en tacos, sopas,
cremas y quesadillas) y las semillas (pepitas)
de la calabaza como botana y como ingrediente de
salsas y moles.

Flores de calabaza capeadas
(rebozadas) rellenas de queso. Un platillo de la
cocina mexicana tradicional.
En
Italia, la calabaza de Castilla se consume
principalmente en el Norte, especialmente en las
zonas aledañas a Módena y Mantua. En el contexto
gastronómico del país de la bota es ideal para
la preparación de pastas rellenas, ñoquis,
mermeladas y tartas saladas. O para preparar
risotto o sopas otoñales. Este vegetal es
capaz de llenar un menú completo, desde las
entradas hasta el postre, ya que muchos sus
“virtudes” son muchas y cada plato, por lo
tanto, será sabroso y saludable.

Los tortelli de calabaza,
una preparación típica de la zona de Mantua, en
el norte de Italia.
La
calabaza es un vegetal bajo en calorías y rico
en nutrientes, muy útil como diurético y
calmante. Como todas las hortalizas de color
naranja es rica en carotenos, sustancias que el
cuerpo utiliza para la producción de vitamina A
con propiedades antioxidantes y anti-inflamatorias.
También contiene muchos otros minerales y
vitaminas, incluyendo calcio, potasio, sodio,
magnesio, fósforo y vitamina E, además de una
buena cantidad de aminoácidos y fibras.
La
pulpa puede utilizarse para calmar inflamaciones
de la piel. Las semillas son ricas en proteínas
y cucurbitina, una sustancia que ayuda a
proteger las vías urinarias.
(massimo barzizza
/ puntodincontro.mx)
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