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7 de julio
de 2017
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Los
mestizajes culinarios pueden producir a veces
resultados inesperados. Especialmente en un país
donde las tradiciones gastronómicas han sido
siempre muy distantes, en la historia y en las
costumbres, de los platillos tradicionales
italianos.
Pero
las sorpresas no faltan: en la Zona Rosa de la
Ciudad de México, Pixza - «un local cero
pretencioso pero de alto valor», según la
descripción de la revista “México desconocido” -
prepara la primera y única pixza (pizza)
a base de maíz azul con salsa de chipotle
—chiles maduros, condimentados y ahumados— e
ingredientes cien por ciento mexicanos.

El
maíz azul (también conocido como maíz Hopi) es
una variedad que se cultiva en México y en el
suroeste de los Estados Unidos y se utiliza
principalmente para preparar tortillas,
tlacoyos, atoles y pinoles, elementos típicos de
la cocina prehispánica en el territorio del que
hoy es el único país latino de América del
Norte.

Maíz azul.
Y,
continuando con las sorpresas, el plato más
vendido es la pixza de chapulines
marinados con sal y limón, saltamontes del
género Sphenarium, comúnmente criados y
utilizados como alimento, cuyo nombre deriva de
la palabra náhuatl chapulín (de chapā[nia]
‘rebotar’, y ōlli ‘hule’, ‘insecto que brinca
como pelota de hule’).
Pero
el menú también ofrece otras especialidades, que
van desde la pixsa de tamal de Xantolo
(una receta del Estado de Hidalgo, típica del
Día de los Muertos) con pollo, carne de cerdo,
ajo, chile Morita y hoja santa (un arbusto
aromático con hojas en forma de corazón) hasta
la de “cochinita pibil” (un platillo de la
cocina yucateca, a base de cerdo y achiote) con
cebolla roja.
El
maíz azul utilizado por el restaurante es libre
de colorantes y procesos transgénicos y los
chapulines provienen del Estado de Oaxaca, en
envíos semanales de alrededor de 10 kilos cada
uno.
Pero,
más allá de la originalidad culinaria, quizás el
aspecto más importante de Pixsa es su dedicación
a la reintegración social de jóvenes que viven
en las calles o en albergues a través de
contratos laborales formales. Además, por cada
cinco rebanadas de pizxas vendidas, una
es donada a personas en estado de dificultad.
Y
así, un mestizaje inusual entre la cocina
italiana y la del México precolombino produjo no
sólo resultados interesantes, sino también la
oportunidad de ayudar a alguien con cada
rebanada consumida.
(massimo barzizza / puntodincontro.mx)
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