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6 de junio de 2018
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El científico italiano Giacomo Rizzolatti relató
en la Ciudad de México cómo descubrió las
neuronas espejo y su importancia en la evolución
humana. Con su charla concluyó el domingo pasado
el festival de arte y ciencia El Aleph en la
Universidad Nacional Autónoma de México.
Sin la empatía, los seres humanos no habrían
desarrollado comunidades ni sociedades. Este
mecanismo neuronal es una característica
evolutiva presente en los primates y refinada
por nuestra especie. Hoy en día, las
investigaciones han demostrado que la empatía es
un proceso cognitivo y neurológico que ha
resultado en ulteriores descubrimientos sobre
cómo nos relacionamos con los demás.
En 1992, el equipo de investigación coordinado
por Rizzolatti estudiaba en monos las neuronas
encargadas del movimiento. Los científicos de la
Universidad de Parma, Italia, observaron que un
tipo particular de células no sólo se encendían
cuando el primate ejecutaba algunos movimientos,
sino también cuando observaba a otros hacerlo.
Los científicos bautizaron a este tipo de
células “neuronas espejo”, poniendo así una base
fisiológica a procesos complejos del
comportamiento, como la empatía.
«No hay duda de que reconocemos las acciones de
los otros y éstas son importantes para nuestra
supervivencia y de la sociedad», señaló
Rizzolatti durante su conferencia en la sala
Miguel Covarrubias del Centro Cultural
Universitario, en la zona sur de la capital
mexicana.
El investigador italiano agregó que las neuronas
espejo van progresando a partir de estímulos
visuales a la codificación parietal y motriz.
Después del hallazgo en monos, el objetivo era
investigar lo que sucedía en los seres humanos.
En algunos experimentos, relató, se presentaron
estímulos que generan disgusto, como el contacto
visual con un huevo podrido, que activa una
parte de la corteza insular. No se buscaba
entender la parte cognitiva del disgusto, sino
observar que la misma área afectada por esta
reacción también se activa cuando vemos a
alguien más que muestra esa sensación.
«Esto muestra que podemos tener empatía, es
decir, sentirnos en el mismo estado que el
otro». Añadió que se han realizado estudios con
otro tipo de sensaciones, como el dolor.
El especialista, que ayer también se presentó en
El Colegio Nacional —institución que agrupa a
los científicos, artistas y literatos mexicanos
más destacados—, explicó la diferencia entre la
empatía neuronal y la cognitiva, esta última
relacionada con la forma fenomenológica y
racional de entender.
«Si presenciamos un accidente, por ejemplo, y
medimos nuestra presión arterial, encontramos
que nuestro pulso se altera. En cambio, si
leemos en el periódico acerca de un ataque
terrorista, si bien no nos sentimos felices, no
experimentamos la misma empatía y en la
actividad cerebral no se registran cambios».
En la primera situación, se experimenta una
sensación desagradable y se genera una empatía
no cognitiva, sino interna: «Esto es
increíblemente importante, porque podemos
modularlo».
En otro ejemplo, Rizzolatti se refirió a la
época nazi, cuando el gobierno convenció con
propaganda a los habitantes de Alemania que los
judíos eran subhumanos, cancelando así sus
mecanismos de empatía. «Eso sucede actualmente
con el ISIS y los terroristas, desestimando que
somos igualmente humanos». Es preocupante,
además, que bajo ciertas circunstancias estos
mecanismos también pueden cancelar la empatía en
los niños, agregó.
Por otra parte, el neurobiólogo mencionó que se
ha detectado que problemas como el autismo o la
dificultad de relacionarse socialmente se
vinculan con una conexión débil en este tipo de
neuronas.
Rizzolatti es miembro de la Academia Europæa, de
la Accademia Nazionale dei Lincei, de la
Academia Americana de las Artes y las Ciencias y
de la Academia Francesa de Ciencias del Institut
de France. También es miembro honorario de la
Sociedad Italiana de Neurociencia, de la que fue
presidente.
(massimo barzizza / puntodincontro)
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