El misterio de la muerte de Rafael

El misterio de la muerte de Rafael

05:54 hrs. - A exactamente 501 años de la muerte de Raffaello Sanzio —que se produjo tras unos días de enfermedad el 6 de abril de 1520, cuando el pintor tenía solo 37 años— y en ocasión de la inminente inauguración en el Centro Nacional de las Artes de la Ciudad de México de la exposición “Magister Raffaello”, reportamos en este artículo los resultados de una investigación de la Universidad de Milano-Bicocca que busca arrojar luz sobre las causas del deceso del artista.

El estudio, titulado “La muerte de Rafael. Una reflexión sobre la sangría en el Renacimiento” fue publicado el 14 de julio de 2020 por Internal and Emergency Medicine, la revista oficial de la SIMI, la Sociedad Italiana de Medicina Interna, y está firmado por Michele Augusto Riva, investigador de historia de la medicina de la Universidad de Milano-Bicocca, Michael Belingheri, investigador de la misma institución y por los médicos Maria Emilia Paladino y Marco Motta.
La muerte del pintor de Urbino sigue rodeada de un aura de misterio y con el tiempo se han formulado las hipótesis más dispares.

«El curso de la enfermedad combinado con otros síntomas nos llevaría a pensar en una forma de neumonía» —dijo Michele Riva ilustrando su diagnóstico médico-histórico— «No podemos decirlo con certeza ni podemos plantear la hipótesis de si fue de origen bacteriano o viral, como el actual Covid-19, pero entre las diversas causas es la que más se corresponde con lo que se nos dice: un curso agudo pero no inmediato, la falta de pérdida del conocimiento, la ausencia de síntomas gastrointestinales y fiebre continua». De ser así, según los documentos consultados, el cuadro clínico podría haber sido emperorado también por un error médico.

«Rafael fue tratado con sangrías» —recordó Riva— «según la teoría de los humores, derivada de la tradición médica hipocrática en boga en aquel entonces, se pensaba que un exceso de sangre podía provocar fiebre. Uno de los posibles remedios era la sangría, es decir, extraer una cierta cantidad de sangre del enfermo para reequilibrar los humores. Lo cual no se recomienda en absoluto en caso de fiebre pulmonar».

Pero el error médico fue inconsciente. «Vasari nos cuenta que el pintor ocultó a los médicos la conducta que había tenido hasta el momento de su enfermedad: había salido en las noches anteriores buscando relaciones sexuales» —explicó Riva— «Sin confesar el desorden en el que se había involucrado, ellos no tuvieron prudencia y le sacaron sangre. Al no conocer la conducta del paciente y al no poder comprender mejor el origen de esa fiebre, los médicos se habrían equivocado al insistir en la sangría. Probablemente no lo habrían hecho si Rafael hubiese confesado su conducta».

También porque la terapia de la sangría —y este es otro aspecto destacado por la investigación— aunque generalizada, no era una práctica aceptada por todos. «Rafael era amado por el Papa León X, que le envió los mejores médicos de Roma» —señaló Riva— «Los testimonios analizados nos ofrecen mucha información sobre el conocimiento y la práctica de la sangría en el Renacimiento. Que ciertamente no era un mito intocable».

Para realizar el diagnóstico histórico-médico, «nos basamos en algunas fuentes directas e indirectas de la época» —explicó Riva— «que me permitieron investigar las circunstancias de la muerte de Rafael. Además de “Las vidas” de Vasari —fuente indispensable, pero publicada 30 años después del suceso— estudié los testimonios de personajes históricos contemporáneos del pintor y presentes en Roma en ese momento, como el de Alfonso Paolucci, embajador de el duque de Ferrara Alfonso I d'Este o algunos documentos redescubiertos en el siglo XIX por el historiador del arte Giuseppe Campori».

El primer punto firme de la investigación es que la sífilis no fue la enfermedad fatal. «Hay quienes quisieron vincular la muerte de Rafael a una forma de vida muy libertina» —agregó Riva— «pero la sífilis es una enfermedad con un curso muy largo, mientras que los testigos nos hablan de una afección que se desarrolló de repente, lo que llevó a la fiebre y muerte después de 8-10 días. Aunque la sífilis era muy común en el siglo XVI, los síntomas descritos sobre el estado de salud de Rafael no van en esa dirección».

Segundo punto: también se excluyen la malaria y la fiebre tifoidea. «La malaria tiene fiebres intermitentes como síntoma» —observó el investigador de la Universidad de Milán-Bicocca— «mientras que la de Raphael fue continua. Además, en esos años no se reportaron epidemias de tifus, enfermedad que, sobre todo por las condiciones higiénico-sanitarias de aquellos tiempos, tenía una alta tasa de contagio». Otro aspecto de los últimos días de vida del autor de “La transfiguración” y “Los desposorios de la Virgen” no ha escapado. «Su enfermedad fue de tipo contagioso» —prosiguió Michele Riva— «le provocó fiebre, pero no fue invalidante: Rafael pudo escribir su testamento, identificar a los herederos, dar las últimas órdenes, estuvo alerta y consciente». Lo anterior lleva al tercer punto, quizás la hipótesis más creíble: la neumonía.