Descarbonización, ¿un complemento para las energías limpias?

Descarbonización, ¿un complemento para las energías limpias?

Este artículo está basado en el texto —publicado hoy en Il Sole 24 Ore— de Enrico Mariutti, investigador y analista en el campo económico y energético, fundador de la plataforma de microconsultoría Get Consulting y presidente del Instituto del Istituto di Alti Studi in Geopolitica e Scienze Ausiliarie (IsAG).

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Entre los proyectos incluidos en los borradores del Plan Nacional de Recuperación y Resiliencia (básicamente, el Recovery Plan italiano. Todos los países miembros de la UE deberán presentar un plan similar antes del 21 de abril de 2021) hay uno que ha hecho de inmediato mucho ruido. Es el de ENI, multinacional petrolera pública presente en México, que pretende construir el mayor centro europeo de captura y almacenamiento de dióxido de carbono (CO2) en Ravenna.

La captura y almacenamiento de CO2 es un método para descarbonizar plantas industriales y centrales eléctricas alternativo con respecto a la transición a fuentes de energía renovables. Para simplificar, el dióxido de carbono en lugar de salir de las chimeneas y terminar en la atmósfera se lleva a depósitos subterráneos herméticos al agua (campos petroleros agotados, formaciones de sal, etc.) o se utiliza para producir materiales inertes, combustibles eco-sostenibles, lubricantes, entre otros.

Esta solución, sin embargo, enfrenta la hostilidad de gran parte de las asociaciones ambientalistas, ya que explícitamente apunta a descarbonizar las centrales termoeléctricas, volviendo eco-sustentable el uso de combustibles fósiles. La medida ha sido blanco de importantes organizaciones, incluyendo Greenpeace, que han desatado una dura campaña de prensa.

Pero el mundo abre las puertas al enfoque innovador de la descarbonización.

Entre los primeros documentos publicados por el equipo de transición del presidente Joe Biden se encuentra una ambiciosa hoja de ruta para desarrollar la capacidad de captura y almacenamiento del carbono.

A principios de diciembre, el Consejo Europeo, al aprobar un aumento de los objetivos medioambientales para el 2030 (se incrementó la meta de reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero del 40% al 55%), incluyó, por primera vez, la absorción, es decir la captura y almacenamiento de dióxido de carbono.

A finales del año pasado, el gobierno noruego lanzó un megaproyecto de captura y almacenamiento de carbono valuado en 3,000 millones de euros. Las primeras intervenciones de adaptación y reconfiguración se enfocarán en cementeras, acereras e incineradoras, pero el objetivo final es sumamente ambicioso: volver eco-sustentable la industria petrolera nacional.

Unos días antes, el gobierno británico desembolsó el último tramo de un préstamo de mil millones de libras esterlinas para el desarrollo de un centro de captura y almacenamiento de dióxido de carbono en Teesside, en el noreste del país. El proyecto inglés involucra a ENI.

E incluso Elon Musk puso a disposición hace unos días 100 millones de dólares para un concurso que premiará la solución más eficaz para la captura y almacenamiento de dióxido de carbono.

El repentino interés mundial por la captura de CO2 está vinculado a un aspecto de la transición energética sobre el que existe muy poca claridad: el precio mayorista de la energía renovable, es decir, el precio al que los operadores de la red compran energía a las centrales eléctricas.

Según datos publicados por la Administración de Información Energética (EIA) de Estados Unidos, la energía fotovoltaica tiene un precio medio de más del doble con respecto al de la energía fósil y más del triple que el de la energía nuclear. La energía eólica, por otro lado, mantiene el ritmo gracias a la productividad excepcional de las plantas en el Golfo de México, Oklahoma y Kansas (de donde proviene aproximadamente la mitad de la producción estadounidense) pero en contextos menos ventosos, como California, permanece alrededor de niveles similares a la energía fotovoltaica.

Precio promedio de la energía eléctrica al mayoreo en Estados Unidos (2019)
(Dólares/MWh)

No solo eso: como demuestra el caso de California, cuanto más aumenta la penetración de las energías renovables en la canasta energética, más aumentan los costos generales. Las plantas de gas están subutilizadas y por lo tanto se paga para que permanezcan cerradas, los costos de almacenamiento de energía crecen exponencialmente debido a los acumuladores, los incendios se multiplican debido a la proliferación de cables eléctricos (la principal compañía eléctrica californiana quebró en 2019 por las peticiones de resarcimiento relacionadas con incendios), los apagones son cada vez más frecuentes y afectan áreas cada vez más extensas.

Ante este escenario, pero obligados a actuar, los gobiernos buscan desesperadamente una alternativa.

Y así crece el fermento en torno a propuestas antiguas y nuevas, desde la captura de CO2 hasta los biorreactores, desde la agricultura regenerativa hasta la construcción con emisiones negativas de CO2, desde el hidrógeno hasta la energía nuclear. Lo que sea, con tal de no dejar que los precios de la energía se disparen dos o tres veces durante la próxima década, especialmente tras la devastación socioeconómica producida por el Covid-19.