García de Alba: «Me gustaría una relación México-Italia mucho más intensa»

García de Alba: «Me gustaría una relación México-Italia mucho más intensa»

21:17:22 hrs. - Reproducimos a continuación el discurso de apertura que el Embajador de México en Italia, Carlos García de Alba, pronunció hoy durante el encuentro Una mirada a las relaciones entre México e Italia, organizado por el capítulo Italia de la Asociación de Egresados de la Universidad Iberoamericana, al que asistieron en línea alrededor de 120 personas.

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Me pidieron hablar en general alrededor de 15 minutos de las relaciones México-Italia. Esto obviamente da para mucho más de 15 minutos, pero me voy a enfocar a darles una visión panorámica y de retrospectiva. Hablaré un poco de los antecedentes históricos, del presente y del futuro.

Desde el 15 de diciembre de 1874 tenemos relaciones diplomáticas que se han construido con paciencia, con tino y que nos han llevado a tener un vínculo que hoy es absolutamente positivo y favorable.

Un capítulo especial es la migración italiana, que nos ayuda a entender de dónde vienen estos vínculos y condiciones históricas entre dos pueblos que se quieren y que se caen bien.

Primero hay que recordar que las grandes olas migratorias europeas e italianas tuvieron muchos destinos. En el caso de Italia, alrededor del 45% de la migración histórica del siglo XIX se fue al propio continente europeo. Un alto porcentaje de los italianos que dejaron el país desde las regiones pobres del norte —del Véneto y del Friul​-Venecia Julia, por ejemplo, después fue el turno del sur— tuvieron como principal destino Europa.

Alrededor de un 35% se fue al continente americano. Desde el norte hasta el sur hubo migración italiana, incluyendo a México, donde no fue tan masiva como en Canadá, Estados Unidos, Brasil y Argentina, que resultaron ser los principales destinos históricos, pero no hubo un solo país que no recibiera la gran contribución de los migrantes italianos que ayudaron mucho a construir nuestras naciones. Yo siempre subrayo que cuatro países de América Latina tienen nombre italiano: Argentina, Venezuela —la piccola Venezia—, República Dominicana y Colombia.

En el caso de México hay colonias italianas históricas: Huatusco, Chipilo, Nueva Italia, Nueva Lombardía en el Estado de Michoacán y otras más. Los habitantes del Bel Paese se extendieron y se integraron muy bien prácticamente en toda la república, pero fueron pocos comparados con otros países.

El porqué de este bajo número es atribuido por algunos —y yo creo que pueda tener sentido— al hecho de que la época de las grandes olas migratorias coincidió con las leyes de reforma y con el rompimiento de relaciones diplomáticas con la Santa Sede y, tal vez, eso pudo haber contribuido, como hipótesis de estudio, a que muchas de las regiones expulsoras, que eran católicas, evitaran a México como destino.

A lo largo de todos estos años, con la excepción de la Segunda Guerra Mundial —durante la cual lamentablemente entre México e Italia se rompieron relaciones—, hemos construido vínculos oficiales e institucionales sólidos y diversos.

Tenemos múltiples acuerdos de colaboración, acuerdos marco, que nos dan pautas para tener contactos en prácticamente todos los campos. Incluyen el sector cinematográfico, el de la biodiversidad, el de la agroindustria, el de la promoción y protección recíproca de inversiones, el tratado para evitar la doble imposición, etc.

Uno de los primeros tratados que se firmaron en 1894 fue para reconocer la doble nacionalidad, que ya existía para Italia, pero no para nosotros.

Con respecto al presente, les puedo decir que hay una relación muy cordial. Nos caemos bien, hay mucha simpatía entre italianos y mexicanos, muchas afinidades culturales, costumbres y valores que compartimos y estas cosas cuentan en la empatía entre los pueblos.

No hay realmente lados negativos, no tenemos conflictos. Podemos tener diferencias —como las hay entre todos los amigos y vecinos en las relaciones humanas— pero el balance es muy positivo.

Tengo que decir que el aspecto económico tal vez sea la columna vertebral de la dinámica relación que existe entre los dos países.

Poco a poco estamos viendo más intercambios y les voy a dar algunos datos que pueden ser hasta sorprendentes: Italia es el tercer socio de México en la Unión Europea y el décimo segundo a nivel mundial. México es el segundo socio de Italia en el continente americano, por arriba de Canadá y Brasil.

Es más, es necesario sumar el comercio que tiene Italia con Brasil, Argentina y Chile para llegar al volumen de intercambio que tiene con México.

Pero esto no se sabe, por lo que parte del reto que tenemos en la embajada es comunicar el peso real que tiene la relación bilateral México-Italia en el ámbito económico y comercial. En lo que se refiere a las inversiones, tenemos 1,600 empresas italianas en México, desde las muy grandes como Pirelli, Ferrero y Fiat, que todos conocemos, hasta la pizzería que tiene un dueño italiano que vive en Playa del Carmen, o en Poza Rica, o en Minatitlán. Son pequeñas, pero todas suman y todas crean fuentes de trabajo.

Lo que también es desconocido es el otro lado de la moneda: las inversiones mexicanas en Italia, que no son poca cosa.

La inversión italiana en México es de aproximadamente 7,500 millones de euros, pero la inversión mexicana en Italia no es inferior a los 2,000 millones de euros y está presente en muchos campos.

Tenemos una fuerte empresa dedicada al software médico —que en tiempos de Covid es aún más valiosa— así como Gruma Maseca, que es la mayor productora de harina de maíz en Europa con una importante planta en el Véneto, y una empresa orgullosamente mexicana con sede en Génova que es líder internacional en sistemas de riego por goteo. Y esto lo quiero decir en italiano: de cada diez copas de prosecco que se beben en todo el mundo, siete se deben a esta empresa, cuya tecnología permite el riego de las tierras cultivadas con los viñedos que se utilizan para su producción.

Fiorucci, una empresa que tiene nombre italiano, pero que es la quinta mayor productora de embutidos en el continente europeo, es mexicana. Bimbo —que todos conocemos— es la mayor productora de pan en Italia. Todos estos son ejemplos de algo de lo que no se habla, que es la inversión mexicana en Italia: empresas que también pagan sus impuestos y que crean fuentes de trabajo.

Existe una relación cultural, histórica, académica y científica muy dinámica dispersa por todo el Bel Paese. Hace poco convoqué a la primera reunión —que se tuvo que hacer obviamente en línea— de los “mexicanistas”: especialistas italianos en temas mexicanos en las universidades italianas y, para mi sorpresa, fueron alrededor de 40 los académicos que participaron en esta conferencia. Estamos constituyéndolos como Red de mexicanistas en Italia.

Tenemos también —y con esto cierro el presente— una comisión binacional, que funge a nivel de altas autoridades, dirigida por ambos secretarios de relaciones exteriores. Teóricamente, se junta cada dos años y se ha reunido hasta hoy 6 veces. El año pasado tocaba a México ser el anfitrión y, por razones que sobra explicar, se tuvo que cancelar. Esperemos que el Covid permita lo más pronto posible llevar a cabo presencialmente, o por lo menos remotamente, la séptima edición de esta comisión que, insisto, es el foro máximo de diálogo político entre nuestros gobiernos.

Hablando del futuro, no soy conformista. Quisiera que la relación fuera mucho más intensa, que hubiera un diálogo político de mayor nivel, no solo entre las cancillerías, sino que los diferentes ministerios y secretarías de Estado tuvieran una mucho mayor intensidad de comunicación en el campo de la energía, del medio ambiente, de la agricultura, del comercio, de los transportes, etc.  Aspiro a un diálogo político de mayor nivel y más frecuente, porque eso obviamente ayuda a que los gobiernos y las autoridades estén más cerca y beneficia en todos los ámbitos.

Creo que, si bien tenemos una relación económica y comercial importante, hay muchas oportunidades de crecimiento. 8,500 millones de euros de intercambio —que es el récord histórico alcanzado en 2018— es una cifra relevante, pero el T-Mec y —espero más pronto que tarde— el nuevo acuerdo global con la UE tienen novedades que van a provocar mayor integración. Yo creo mucho en las coinversiones y promoveré en el futuro más asociaciones de este tipo ítalo-mexicanas, porque las que existen funcionan, y funcionan muy bien.

El campo turístico merece una mención aparte, porque cuando me dicen que tenemos muy buenos flujos turísticos y resulta que son alrededor de 180,000 los italianos que van a México cada año —por cierto, muy concentrados en la Ciudad de México y en la península de Yucatán— y 160,000 los mexicanos que vienen a Italia, me parecen cifras insuficientes para países con la población de los nuestros.

El intercambio turístico tiene mucho espacio para crecer, porque, además, detrás del turismo vienen muchas cosas más: inversiones, intercambios, cultura, arte, etc. ¿Cómo podríamos lograrlo? Con mucha creatividad, con mucha promoción. No hay recursos, pero hay ideas.

Estoy abocado a trabajar mucho usando el soft-power mexicano del arte, la cultura, la gastronomía, el cine. Todo eso nos puede ayudar a posicionar la marca México en Italia y de ahí llevar más turistas italianos a nuestro país.

Desde luego mucho serviría un vuelo directo México-Italia que, por increíble que parezca, no existe. Todos los que quieren viajar de Italia a México, lo sabemos, tienen que hacer alguna escala, pasar horas en aeropuertos de otros países y esto, obviamente, no favorece el flujo turístico en ambas direcciones. Estoy trabajando y ojalá que de aquí a cuando me tocará ser enviado a otro destino pueda decir que conseguí abrir un vuelo directo, regular y diario de México a Italia. No es fácil, pero no es imposible.

En fin, aspiro a una relación más sólida, más fuerte, más diversificada, más profunda. Hay temas que ya ruedan solos y temas para los que hay que empezar desde cero. Cito algunos: estamos trabajando para instaurar la primera cátedra de arquitectura México-Italia. Somos potencias arquitectónicas, pero no hay prácticamente intercambios. Estamos trabajando con Ana María González Luna para una cátedra sobre migración. Somos países que históricamente hemos vivido de la migración, pero este tema no forma parte del diálogo bilateral en todas sus vertientes: migración de entrada, de salida, cruces y tránsitos. No puede ser que no tengamos diálogo acerca de esto.

Otro punto es el deporte: somos pueblos fanáticos del deporte —y no hablo solo del futbol, sino del deporte en general— y revisando la relación histórica entre nuestros países nunca hemos colaborado en esta materia. No lo puedo creer. Todo lo que ayude a acercar México e Italia cuenta y suma.