De Nápoles a Veracruz: cinco siglos de música entre Italia y México

Da Napoli a Veracruz: cinque secoli di musica tra Italia e Messico / Immagine: avcnoticias.com.mx - suonidellaterra.com - Puntodincontro

06:51 h - (Alesandra Barzizza) A través del proyecto digital Cristóbal por Europa, el creador de contenido Cristóbal de Viveros explora la historia y la cultura para revelar curiosidades del pasado, ilustrando en uno de sus recientes videos el antiguo puente cultural que une a Italia con México a través del vínculo entre la gallarda napolitana y el son jarocho.

Esta conexión hunde sus raíces en el siglo XVI, cuando tanto el Reino de Nápoles —entonces un importante centro de poder bajo la influencia ibérica— como la Nueva España formaban parte del vasto Imperio controlado por la dinastía de los Habsburgo. En aquella época, este último era el nombre asignado al actual territorio mexicano, cuya ciudad de Veracruz representaba su puerto principal y la puerta de entrada fundamental desde el océano Atlántico.

Según de Viveros, esta dominación compartida facilitó un flujo constante de soldados, marineros, comerciantes, artistas y músicos entre Europa y las Américas, permitiendo la llegada a México de formas musicales y danzas ampliamente difundidas en el Viejo Continente, entre ellas la gallarda. Nacida en los ambientes renacentistas y hecha célebre en 1576 por las composiciones del organista Antonio Valente, esta música formaba parte del universo cultural que cruzó el océano y dejó huellas en diversas expresiones populares del Nuevo Mundo. Una vez que llegó a Veracruz, se encontró con los ritmos de origen africano traídos por los esclavos y con las tradiciones de las poblaciones indígenas locales, contribuyendo al surgimiento de una de las expresiones musicales más características del México mestizo.

Naturalmente, la mayoría de los especialistas coinciden en que el son jarocho es el resultado de un complejo proceso de mestizaje cultural en el que confluyeron influencias europeas, africanas e indígenas. Sin embargo, la hipótesis planteada por de Viveros invita a observar con nuevos ojos los posibles vínculos históricos entre el Mediterráneo y el Golfo de México.

Según la interpretación propuesta por el autor, la gallarda pudo haber contribuido a algunos de los elementos rítmicos y armónicos que hoy caracterizan al son jarocho, particularmente a través de una métrica que alterna de manera continua los compases de seis octavos y tres cuartos. No es casualidad que temas mexicanos de tradición centenaria como La Bamba o El Cascabel presenten progresiones armónicas sorprendentemente similares a las que se escuchaban en Europa hace siglos, lo que sugiere cómo ciertos elementos del mundo mediterráneo pudieron fusionarse con los sonidos del Caribe para crear una fascinante síntesis entre la métrica europea, el ritmo africano y la sensibilidad indígena.

Esta compleja evolución también queda reflejada en los propios instrumentos musicales. Mientras que la guitarra barroca fue adaptada por los artesanos para crear la jarana jarocha, pensada específicamente para acompañar el baile mexicano, instrumentos como la vihuela y la guitarra renacentista dieron vida al requinto jarocho, encargado de guiar la melodía principal. Sin embargo, a diferencia de los métodos de construcción europeos basados en el ensamblaje de láminas de madera, los artesanos locales empezaron a tallar el requinto a partir de un solo bloque de cedro, adoptando de manera ingeniosa técnicas empleadas por grupos nativos y poblaciones africanas para la elaboración de canoas y tambores.

Como recuerda de Viveros para concluir, aunque la gallarda desapareció progresivamente de los escenarios europeos, algunos de sus ecos parecen resonar todavía al otro lado del Atlántico. Hoy en día, la música jarocha representa una verdadera cápsula del tiempo, uniendo diferentes épocas bajo un ritmo arrollador que conserva vestigios de aquella historia compartida que durante siglos conectó a Nápoles con las lejanas costas de Veracruz.

Más allá de la exactitud de cada influencia musical, la historia recuerda que Nápoles y Veracruz fueron durante siglos dos puertos de un mismo mundo. A través de ellos circularon mercancías, personas, lenguas, ideas y sonidos que ayudaron a tejer una red cultural capaz de unir el Mediterráneo con el Caribe. Quizá sea precisamente en esa historia compartida donde reside el verdadero origen de los ecos que aún hoy parecen escucharse entre ambas orillas del océano.

Imagen: avcnoticias.com.mx – suonidellaterra.com – Puntodincontro

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