El mito de Aztlán y el largo éxodo del pueblo mexica

Il mito di Aztlán e il lungo esodo del popolo mexica / Immagine: culturacolectiva.com

16:00 h - La legendaria Aztlán representa la tierra de origen de los aztecas y de numerosas otras poblaciones de etnia nahua, entre las que figuran históricamente los tlaxcaltecas, los tepanecas y los acolhuas.

Según la tradición mesoamericana, se trata de un asentamiento insular desde donde comenzó la gran migración que llevó al nacimiento de una de las civilizaciones más influyentes del continente.

El significado del término sigue siendo debatido por los estudiosos: las traducciones más difundidas indican el nombre como el lugar de las garzas o bien la tierra hacia el norte de donde provenimos.

Las fuentes históricas y los manuscritos pictográficos, primero entre todos el Códice Boturini —actualmente custodiado en la Ciudad de México en la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia, dentro del Museo Nacional de Antropología—, describen el sitio primigenio como «una isla en medio de una extensión de agua».

El relato épico se entrelaza con frecuencia con el de Chicomoztoc, conocido como «el lugar de las siete cuevas». En esta localidad residían originalmente siete tribus distintas que compartían la misma raíz lingüística y que posteriormente emprendieron un largo éxodo hacia el sur.

Las razones que impulsaron a estas poblaciones a emprender la migración hacia el sur hunden sus raíces en el mito y la religión, entrelazándose con causas políticas y sociales, como la probable rebelión contra una élite tiránica que los sojuzgaba en Aztlán. Los relatos históricos indican que el éxodo comenzó alrededor del año 1111, o según otras crónicas en 1168, inaugurando un vagabundeo que se prolongaría por más de 200 años. Durante este largo periodo, la tribu fue guiada por sus propios sacerdotes y por el dios tutelar Huitzilopochtli. Fue precisamente esta deidad quien impuso a la población, durante una escala del viaje, abandonar el antiguo nombre de aztecas. Según los textos antiguos, el dios habló a sus sacerdotes donándoles un arco, flechas y una red, y ordenó: «Ahora ya no se llamarán aztecas, ustedes son mexicas». Esta renominación no fue un simple cambio lingüístico, sino un acto político y espiritual para desvincular a la tribu de la condición de sumisión del pasado y distinguirla de los demás grupos nómadas. El término mexica derivaría de hecho de Mexitli, nombre alternativo del mismo Huitzilopochtli o de un antiguo líder carismático, o bien de la unión de vocablos náhuatl que indican el centro de la luna, consagrándolos a todos los efectos como un pueblo nuevo y elegido.

El pacto estipulado con la divinidad preveía la búsqueda de una tierra prometida en la cual establecerse definitivamente. Según las estrictas indicaciones recibidas, los mexicas debían detener su camino solamente cuando presenciaran una señal divina inequívoca: un águila posada sobre un nopal devorando una serpiente. Esta visión profética se materializó en el año 1325 sobre un islote pantanoso del lago de Texcoco, poniendo fin a más de dos siglos de peregrinaje y penurias. En ese preciso punto los mexicas fundaron Tenochtitlán, el núcleo de la actual Ciudad de México.

Los arqueólogos e historiadores discuten desde hace tiempo sobre la ubicación geográfica real de Aztlán. Algunas hipótesis sitúan el lugar dentro del actual territorio mexicano, por ejemplo en el estado de Nayarit, mientras que otras teorías se extienden al norte hasta el actual estado estadounidense de Utah. A pesar de las vastas investigaciones, el área nunca ha sido identificada con certeza y la comunidad científica contemporánea tiende a considerarla una transposición mitológica del concepto de origen y migración, más que un espacio físico localizable en el mapa.

Las instituciones culturales mexicanas continúan investigando activamente este paso histórico fundamental. Con motivo de las recientes conmemoraciones por los 700 años de la fundación de Tenochtitlán, entidades como el Instituto Nacional de Antropología e Historia y la Universidad Nacional Autónoma de México han promovido ciclos y exposiciones específicas en el Museo del Templo Mayor. Dichos proyectos buscan reconstruir todo el proceso migratorio examinando los restos materiales y los documentos pictográficos posteriores, ilustrando el complejo viaje del pueblo mexica desde la mítica Aztlán hasta la edificación de la capital del imperio.

Imagen: culturacolectiva.com

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