Calidad del aire: normas de la OMS y realidad en la Ciudad de México y Roma

16:03 hrs. – La Organización Mundial de la Salud (OMS) dío a conocer ayer ajustes en los índices aceptables de los contaminantes más comunes en la atmósfera con el fin de atacar de forma más agresiva el fenómeno. Es la primera vez que se actualizan los parámetros en más de 15 años.

México desde el año pasado cambió la forma de reportar la contaminación y lanzó el Índice Aire y Salud para crear un criterio único en todo el país e incluir también los riesgos sanitarios en la nueva escala. El indicador tiene cinco categorías sobre la calidad del aire: buena, aceptable, mala, muy mala y extremadamente mala. Cada categoría tiene un nivel de riesgo asociado: entre peor sea el aire que respiran los habitantes, más graves son las implicaciones potenciales para su salud. Por ejemplo, cuando la calidad del aire es extremadamente mala, los riesgos sanitarios son extremadamente altos. Los parámetros están en la norma oficial mexicana 172 de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales: los valores aceptables se determinan en otras normas nacionales sobre concentraciones para cada contaminante y el intervalo bueno por lo que decía la OMS en 2005.

Los nuevos estándares de la OMS se endurecen en lo que concierne a partículas en suspensión de menos de 10 micras de diámetro (PM₁₀), a partículas de menos de 2,5 micras (PM₂,₅) y el ozono (O₃), entre otros. La mayor reducción se dio en cuanto a dióxido de nitrógeno, bajando cuatro veces el umbral tolerable: de 40 microgramos por metro cúbico a 10. «Esto tiene mucho impacto, sobre todo para Ciudad de México», dice Bernardo Bolaños, profesor de Derecho Ambiental de la Universidad Autónoma metropolitana. «Hay una revolución en cuanto al dióxido de nitrógeno, que viene sobre todo de los coches y las implicaciones que esto tiene para la reconversión del parque vehicular», agregó.

Los límites de las normas mexicanas permiten a las autoridades seguir sumando “días limpios”, contados según los criterios nacionales. El sitio de la Secretaría de Medio Ambiente de Ciudad de México reporta que de 264 días que van de 2021, la capital acumula 144 “días limpios” en lo que respecta a ozono, 199 en lo que toca a partículas de 10 micras y 258 de partículas de 2,5 micras. Y solo se han activado tres contingencias ambientales fase 1 en lo que va de año. «Se requiere hacer más para llegar a cumplir con estas recomendaciones», sentencia Torres.

Al mismo tiempo, un análisis realizado en la ciudad de Roma, Italia, mostró que las emisiones de metales automotores, principalmente debido a la abrasión de los frenos, en promedio se duplicaron en comparación con los niveles encontradas en el período de confinamiento total para la contención de la pandemia de Covid 19.

El estudio The effect of Covid-19 lockdown on airborne particulate matter in Rome, Italy: A magnetic point of view, realizado por el Instituto Nacional de Geofísica y Vulcanología (INGV) y la Agencia Regional de Protección Ambiental del Lacio (ARPA Lazio) acaba de ser publicado en la revista científica ‘Environmental Pollution’.

«El estudio» —explica Aldo Winkler, investigador del INGV y primer autor del trabajo— «se inspiró en el amplio debate suscitado por la modesta disminución de los niveles de PM10 en Roma durante el cierre, a pesar de la sustancial reducción del tráfico vehicular, mayor del 50%, según los datos proporcionados por el Ayuntamiento de Roma, Apple, ANAS y la empresa Teralytics para el periódico ‘La Repubblica’».

«Comparamos las propiedades magnéticas de los filtros de detección de la calidad del aire durante y después del confinamiento», explicó el investigador, «descubriendo que las emisiones de metales de los automóviles, principalmente debido a la abrasión de los frenos, se han duplicado en promedio al final de las medidas de contención más restrictivas, que duraron del 9 de marzo al 18 de mayo de 2020, cuando el tráfico volvió a los niveles anteriores al Covid 19».

«Los análisis magnéticos» —agregó Winkler— «han jugado un papel decisivo en la distinción de fuentes naturales y antropogénicas de partículas atmosféricas, demostrando que niveles estables de concentración de PM10, como los que se encuentran en promedio durante y después del confinamiento, pueden ocultar variaciones importantes en el contenido de partículas metálicas contaminantes debidas al tráfico de vehículos».

«Además» —añadió el experto— «con estos métodos se ha demostrado que el impacto medioambiental de las emisiones de desgaste de los frenos supera ahora al de las partículas provocadas por los combustibles».