Herculano, los restos de un hombre atrapado en la playa por la erupción del 79 d.C.

El esqueleto de un hombre parcialmente mutilado que la avalancha de fuego y gas escupida por el Vesubio en erupción detuvo a un paso del mar y de la esperanza de la salvación. 25 años después de las últimas excavaciones, llega un nuevo descubrimiento en Herculano, documentado en exclusiva por la agencia italiana ANSA, un hallazgo que traerá nueva luz sobre los últimos momentos de vida de la ciudad enterrada, como la cercana Pompeya, por la erupción del 79 d.C.

«Es un descubrimiento del que esperamos mucho», subraya con entusiasmo el director Francesco Sirano, que desde 2017 dirige el parque arqueológico patrimonio de la humanidad.

El sitio es la antigua playa de la ciudad, el mismo lugar donde en la última campaña de excavación, realizada en los años 80 y 90 del siglo XX, se encontraron los restos de más de 300 fugitivos que habían buscado refugio mientras esperaban ser rescatados por la flota de Plinio el Viejo. Las nuevas excavaciones, que desde hace algunas semanas realizan los arqueólogos, están vinculadas a la preparación de un camino que permitirá a los visitantes llegar a la monumental Villa dei Papiri recorriendo el que en la antigua ciudad fue el paseo marítimo y que aún se conserva hoy, la única vía costera completamente conservada de una ciudad romana.

Los restos del hombre, un varón que según las primeras pruebas antropológicas tenía entre 40 y 45 años, fueron encontrados en la base del altísimo muro de piedra de lava que hoy obstruye el antiguo frente marítimo. Estaba acostado con la cabeza hacia el mar y rodeado de madera carbonizada, incluyendo la viga de un techo que pudo haberle aplastado la cabeza. Los huesos son de color rojo vivo, «es la huella que deja la sangre de la víctima», explica el arqueólogo, enfatizando que es una consecuencia del muy particular proceso de combustión provocado por la corriente de magma, cenizas y gases proveniente del Vesubio.

«Los últimos momentos aquí fueron instantáneos, pero terribles» —enfatiza Sirano— «Era la una de la madrugada, cuando el flujo piroclástico del volcán llegó al pueblo con una temperatura de 300-400 grados o, según algunos estudios, hasta 500-700 grados. Una nube ardiente que se desplazaba hacia el mar a una velocidad de 100 kilómetros por hora y era tan densa que no contenía oxígeno». Un infierno en la tierra «que en pocos minutos arrasó y envolvió la parte más alta de la ciudad, arrancando los tejados y abatiendo hombres y animales con un calor que provocaba la evaporación de los cuerpos».

El hombre recién encontrado debe haber sufrido una muerte atroz, que «debió haber visto llegar», tal vez después de darse la vuelta para buscar el motivo del estruendo que escuchó a sus espaldas, o del resplandor que de repente había traspasado la oscuridad de la noche, apunta el arqueólogo, que ahora, junto a los expertos de su grupo, se pregunta acerca de la identidad de esta nueva víctima y de su rol en las últimas horas de la ciudad. Ciertamente no estaba refugiado con todos los demás esperando apiñados en los almacenes de los pescadores.

«Podría ser un rescatista, un compañero del oficial de Plinio que en la década de los 80 fue encontrado a unos veinte metros de este punto, también en la playa», especula. Un soldado, por tanto, que quizás estaba preparando una lancha para llevar a un primer grupo de personas a un lugar seguro mar adentro. «O uno de los fugitivos, que se había alejado del grupo para llegar al mar con la esperanza de poder embarcarse en uno de los botes salvavidas, quizás el último y más desafortunado de un grupo que había logrado escapar», dijo. Son muchas las hipótesis, incluyendo la de que el pobre estaba esperando los barcos de rescate, dado que Plinio el Joven (sobrino del gran almirante y erudito que perdió la vida en la erupción) cuenta que los cuadrirremes enviados por su tío habían tenido que abortar el rescate y alejarse de la costa tras un empeoramiento repentino de la situación.

El esqueleto ahora se extraerá con la ayuda de cuchillas de metal especiales y la excavación continuará en el laboratorio. Mientras tanto, los primeros exámenes in situ han encontrado rastros junto al esqueleto de lo que parecen ser telas y metales. «Podría ser una bolsa con herramientas de trabajo, pero también armas o monedas», anticipa Sirano. Hay mucha curiosidad, también porque comparado con hace 25 años las técnicas y herramientas de investigación han evolucionado mucho, «hoy tenemos la oportunidad de entender más», explica. Tras permanecer durante siglos bajo un muro de piedra de más de 26 metros de altura, incluso el pobre fugitivo podría aportar nuevos detalles al relato de esa noche.