El sincretismo religioso de la conquista de México en una exposición en Parma

El sincretismo religioso de la conquista de México en una exposición en Parma

10.23 hrs. – El 3 de febrero fue presentada la exposición La Casa de Farnesio. Arquitectura, arte y poder en el marco de los proyectos de Parma Capital de la Cultura 2020 + 21, creada por el Conjunto Monumental de la Pilotta en colaboración con la Universidad de Parma, el Museo y Real Bosque de Capodimonte, el Museo Arqueológico Nacional de Nápoles y el Archivo de Estado de Parma.

Del 18 de marzo al 31 de julio, esta suntuosa exposición presentará objetos relacionados con el extraordinario éxito de la familia en la estructura política y cultural europea desde el siglo XVI al XVIII a través del uso innovador y estratégico de las artes como herramienta de legitimación.

La exposición constará de más de 300 obras de colecciones públicas y privadas, italianas y europeas, entre las cuales —por primera vez en Italia, procedente del Musée des Jacobins de Auch, Francia— la Misa de San Gregorio, un mosaico de plumas sobre madera realizado en México en 1539 por los indios para agradecer al Papa Pablo III por la bula Sublimis Deus, que reconocía la humanidad de los indígenas americanos y condenaba su explotación.

Entre las numerosas obras plumarias de la Nueva España, la Misa de San Gregorio es probablemente la más destacada y estudiada. Un texto en latín rodea la escena e indica que fue creada en la Ciudad de México en 1539, siendo gobernador don Diego Huanitzin y bajo el pontificado de Pablo III. Este dato, de primordial importancia, permitió fechar la imagen e identificar como su curador al conocido franciscano Pedro de Gante, defensor de las artes indígenas y creador de la escuela de San José de los Naturales.

El uso de plumas para la construcción de imágenes estaba muy extendido en territorio azteca antes de la invasión española. Sin embargo, establecer cronologías es complicado debido a la falta de fuentes, la mayoría de las cuales fueron destruidas durante el siglo XVI. Varios autores relacionan el engrandecimiento del imperio mexica con la proliferación de esta forma expresiva: se dice que la expansión durante el período Ahuízotl (1486-1502) permitió el acceso a plumas de diferentes tipos y colores, enriqueciendo así esta práctica.

La leyenda de San Gregorio

Gregorio Magno, primer monje en convertirse en Papa, permaneció en el trono de Pedro del 590 al 604. Una de las leyendas más famosas relacionadas con él es la de la misa en la que el pontífice, después de que un hombre que había cuestionado el hecho de que Cristo realmente estuviera presente en el altar durante la celebración, oró ardientemente para que se manifestara el Mesías. Tan pronto como el santo terminó la invocación, apareció Jesús con los instrumentos de la pasión. Este episodio, además de ser uno de los más representados hasta el estallido de la Reforma, fue también uno de los mejor estudiados, especialmente en Alemania y en los países de habla inglesa.

En este contexto —y tomando en consideración el importante papel de los misioneros de Flandes en los primeros años de la conquista espiritual— no es de extrañar que el arte de la pluma, al servicio de la nueva fe, se inspirara en creaciones predominantemente germánicas. Por tanto, es muy probable que el modelo en el que se basó la obra que se expondrá en Parma sea alguno de los 10 grabados de la Misa de San Gregorio realizados por Israhel van Meckenem (1140-1503).

Grabado de Israhel van Meckenem de la Misa de San Gregorio, 1490,
con, en la parte inferior, una indulgencia no autorizada de 20,000 años
cada vez que se recitaran las oraciones especificadas en presencia de la imagen.

La representación “mexicana” de esta leyenda es uno de los ejemplos más evidentes de mestizaje en el arte colonial novohispano, donde a la lectura europea puede superponerse la interpretación indígena, esta última destacada por algunos elementos iconográficos que describimos a continuación.

Fe y Magia: las pintaderas

En el reverso de las casullas y en el frente de la estola hay motivos rojos sobre amarillo, similares a las huellas que dejaron los mexicas en las pintaderas, sellos utilizados durante algunos rituales mágico-profilácticos. Probablemente ignorados por los misioneros, es un signo del sincretismo que mezcla los antiguos rituales con la nueva fe. Los motivos representados (frutas, flores, plumas y volutas) —símbolos claramente precoloniales vinculados a la fertilidad, la belleza y la palabra— se reutilizan aquí en el mensaje cristiano.

En las casullas aparecen tres motivos idénticos: una especie de esfera tripartita rodeada de volutas. Aquí podemos ver la fiel representación del corazón según las convenciones aztecas. Elemento central de los ritos prehispánicos, el corazón estaba íntimamente asociado al sacrificio humano y, en consecuencia, al canibalismo litúrgico mediante el cual se consumía simbólicamente la carne de la divinidad. Así se hacen evidentes los riesgos de confusión entre la Eucaristía cristiana y la “teofagia” de los mexicas que los franciscanos, conocedores de los ritos antiguos, intentaron esclarecer.

El aroma de las piñas

Otro detalle de la presencia indígena son las dos piñas (originalmente tres) colocadas sobre la tumba a la izquierda de Cristo.

Gran descubrimiento botánico del Renacimiento, la piña fue ampliamente aceptada en Europa, no solo por su apariencia y sabor, sino sobre todo por su aroma. Los frutos de las plantas de la familia de las bromeliáceas representan aquí los tres vasos de las mujeres que embalsamaron el cuerpo de Cristo. Símbolos de las Américas, como las plumas, las piñas son el testimonio escogido por los misioneros para la integración del nuevo mundo con el viejo.

Una obra diplomática

Como muchos otros retratos de plumas destinados a príncipes y prelados europeos, la Misa de San Gregorio probablemente tuvo un propósito “diplomático”. Podemos imaginar que estaba destinada al Papa Pablo III. El 9 de julio de 1537, la bula Sublimis Deus, reconociendo la capacidad de los indios para recibir la fe, consagró los esfuerzos de quienes protegían a los indígenas. No es ilógico, por lo tanto, suponer que este mosaico fue ofrecido al soberano pontífice en reconocimiento de su decreto.

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